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viernes, 29 de noviembre de 2013

Periodismo gráfico, reformulando


“(…) en la historia de la cultura, nunca nada ha acabado con nada. En todo caso, lo ha cambiado profundamente (…)”. Umberto Eco
A comienzos de agosto de 2013, el dueño del sitio web Amazon compró el legendario diario The Washington Post, el mismo que reveló el caso Watergate y provocó la caída del presidente Richard Nixon y el mismo que, asegura el mundo periodístico, es el preferido de la elite política estadounidense. La noticia en sí es algo más que un simple anuncio comercial. Es la materialización de una figura que el avance ininterrumpido de la tecnología sobre la prensa escrita dibujó con cara de temor. Que un magnate de la Internet se haga dueño de uno de los diarios más importantes del mundo actualiza el discurso de la sustitución aparecido en los noventa y despabila al planeta del lápiz y el papel poniéndolo de frente contra el paradigma de su supervivencia: la forma narrativa. El oficio del periodista gráfico se transita, desde la irrupción de los mass media, sobre el sendero de la creatividad constante, la actualización lingüística y los nutrientes que proporciona el arte literario. De ese modo, obtiene la amplitud sensorial necesaria para construir relatos, describir escenarios y seleccionar los testimonios y datos que conviertan a la noticia en una lectura atractiva, perenne.

La historia y los escenarios. La palabra escrita en materia periodística ya ha mutado su estilo. Del bando panfletario de las colonias europeas y las revoluciones americanas, a los primeros cables de noticias a mediados del siglo XIX con el método de la pirámide invertida; de allí a los leads ágiles y desacartonados posteriores a las grandes guerras del siglo XX. El surgimiento de la non fiction y el realismo mágico sembró el periodismo literario, y de allí al periodismo digital. 
Internet desplazó definitivamente a la pirámide como técnica de redacción. La tormenta informativa que altera la conducta social a partir del consumo de información, derivó en la obligación de ofrecer contextos más amplios para un hecho vuelto noticia. La preponderancia de la contextualización es vital para determinar la relevancia, exactitud, credibilidad y pertinencia de un dato por mínimo que éste sea. El resultado de esta lógica es hacer énfasis en la calidad del conocimiento por sobre el orden secuencial cuantitativo de la información, en franca obsolescencia.
El periodista brasileño Carlos Castilho, especializado en medios digitales desde 1995, desanda la fibra interna del antagonismo cantidad-calidad apoyado en la filosofía. Para él y según algunos teóricos marxistas, “la singularidad está relacionada con la particularidad y la universalidad, y una depende de la otra. En términos simples, lo singular sería el individuo, la comunidad en que está inserto y lo universal, su nacionalidad, sexo o religión. Una noticia sobre un crimen es singular, pero su particularidad puede ser el hecho de estar situada en el contexto de una guerra entre traficantes y policías, mientras que su universalidad reside en la crisis de la seguridad pública nacional”. Como corolario, lo relevante está en conocer causas, consecuencias y actores involucrados de la noticia, esa que hoy se encuentra por todas partes casi al mismo tiempo. Luego, el periodista administra esos conocimientos en el momento de redactar.
El diario y la nota periodística desde el eje redaccional. El valor intrínseco del producto periodístico gráfico es su rol de documento. Una nota o una entrevista, siempre pueden volver a consultarse porque es algo escrito, y lo escrito permanece. Sin embargo, en la valoración instantánea del lector, tal fijeza no significa perdurabilidad puesto que su vigencia tiene coto al final del día. Y mañana, con la nueva impresión y otras noticias, ocurrirá lo mismo. La televisión y la red probablemente hayan potencializado ese ciclo. María Sanucci, docente e investigadora de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, en “Oficios Terrestres”, afirma que durante el siglo XX, lo audiovisual se abrió paso a múltiples usos, “se abre camino en un mundo signado por la cultura de la letra impresa, pasando así de un mundo simbólico a otros signos más naturales, a un mundo de representaciones perceptuales. En él parecería tener menos cabida la letra impresa, el prestigio de la escritura. Al mismo tiempo, surgen nuevos modos y formas de lectura, y una profusa bibliografía destinada a reafirmar la escritura y la lectura del código verbal: al respecto, no parece casual en la actualidad la publicación de diversas obras referidas a la problemática y la historia de la lectura”. Este panorama generó ciertamente la expansión del periodismo gráfico en el camino del horizonte literario.
Por un lado está el diario con todo el esquema regenerativo al que lo llevó el paradigma tecnológico: formato, tapa, tipografía, fotografías, uso del color, infografías, distribución textual, número de columnas, organización de titulares, ilustraciones, secciones y demás. Elementos para una transformación visual que ofrece al consumidor de noticias facilidad de lectura y comprensión, además de la rápida ubicación de la información.
Por el otro, la construcción de los textos informativos diluye el viejo lenguaje hilado de las respuestas a las 5W del periodismo en historias contadas con la impronta de Rodolfo Walsh o Truman Capote. Claro está, cada subgénero amplía el estilo según requerimientos pero en la relación existente entre información periodística y materialización de la información se cruzó la frontera narrativa para siempre, o hasta el próximo devenir tecnológico que vuelva necesario rezar la máxima de Umberto Eco ut supra mencionada. Las entrevistas, los perfiles y las biografías cuentan a las personas desde los claroscuros del pensamiento y semblantean personajes novelísticos. Los reporteros de guerra y freelancers son historiadores en tiempo real. La crónica policial en papel o en formato electrónico es un relato ficcionalizado.
Hay un nuevo periodismo que está profundizando los aspectos relacionados a la estructura gráfica en la búsqueda de equilibrar la relación de fuerzas multimedial. Se amalgaman así el texto verbal y la imagen, la cultura audiovisual con la impresa, en una convivencia que algunos autores definen como oralidad escrita.
Nota publicada en Anuario Avatares, apuntes literarios y algo más. Publicación gratuita. Año X, noviembre 2013
* Imágenes tomadas de nuestrosmedios.web.com y El Mosquitero, página de Antonio E. Zafra

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