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jueves, 11 de abril de 2013

Lo que dijo el espejo que escrbiera


...una novela 
iniciada
algunos poemas 
de oferta
por ahí también duermen silenciadas
canciones de música 
sin tonos
infinitos colmados de metas
una colección de obstáculos 
firmes
este mismo renglón retomado 
ahora
que no es el hoy del comienzo
así
el continuo presente de siempre
laberíntico tiempo
bailador de veleta
burlón de entrada y salida
y al fin
lo interminable 
empieza...

jueves, 4 de abril de 2013

Abril: del tornado 2012 a la inundación 2013, los políticos y sus medios de información

Las consecuencias del terrible temporal desatado en el área metropolitana y Gran Buenos Aires, me dejaron congelado durante horas frente al televisor.
Casualmente, o no, ocurrió algo similar exactamente hace un año. Para esta misma época las zonas sur y oeste del GBA fueron atravesadas por fortísimos vientos, granizo y lluvia. El desastre en aquellos días fue comparable al paso de un tornado, pero desde los medios se evitó hablar en esos términos. Los especialistas invitados tampoco hicieron referencia directa a un fenómeno de tal magnitud. Pero diez después el Servicio Meteorológico Nacional reconocía que se había tratado, efectivamente de un tornado. Mejor dicho, cuatro tornados. Obviamente y en especial la televisión, no se dio el espacio ni tiempo a la ampliación de esa información. Ya había pasado.




Por entonces las quejas apuntaban a la demora con que las empresas de energía (dos, monopolios al norte y sur del país, Edenor y Edesur) normalizaban el servicio. Como grandes anunciantes, esas empresa fueron fríamente cuestionadas desde los programas políticos y de actualidad. La pauta pesó por encima del análisis, la historia reciente y las promesas incumplidas de revisión de los contratos licitados en épocas del menemismo.
Doce meses más tarde, el agua que cayó del cielo en menos de un día, equivalió al promedio histórico del mes de abril. Sin embargo, una inundación no es un tornado. La noticia primero se abrazó a lo acontecido en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y por la tarde la ciudad de La Plata fue el epicentro.
Mientras los informes y los móviles se concentraron en la CABA, en La Matanza y San Martín también había evacuaciones y anegamientos inéditos y no tanto. Pero las coberturas fueron monopolio exclusivo para el territorio macrista. Y allí radica la pelea principal acerca de lo que pienso como una suerte de "redistribución de la información". Hasta tanto la catástrofe de La Plata no ganó pantalla, la inundación era una cuestión política. Luego, se trató de una catástrofe natural.



La pulseada que por definición de noticia ganaron la ciudad de las diagonales y sus alrededores obligaron a reformular el eje causal de "otra" inundación. Es que la política los salpica a todos. Sin ruborizarse siquiera por un mínimo, el periodismo que tenemos dio una muestra cabal, miserable, de la división en el poder de la información de acuerdo al patrón que les paga, año electoral mediante. Otra vez hay más de 50 muertos. Pero los traficantes de noticias se desvivieron por inculpar y exculpar responsabilidades concretas de esta tragedia. Estoy más convencido que nunca que esta clase, la clase política-corporativa que gobierna a todo nivel (nacional, provincial y municipal) es la misma clase. Porque en cada uno de esos estamentos, sus actores se encuentran totalmente alejados de la niñez, las amas de casa, los jubilados y los trabajadores en general. Son del mismo palo, provienen del mismo embrión, se maquillan, se reciclan. Y hay mucho actor del periodismo masivo perteneciente a una caterva amarilla de mercenarios punteros, gurkas del papel, la tinta y el micrófono.
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