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viernes, 31 de diciembre de 2010

Qué le pasó

"Ernesto Tenembaum lo tuteaba. Marcelo Zlotogwiazda, en cambio, era más chicanero, más provocador. ET estaba notoriamente más a gusto con el entrevistado, mientras que MZ tensaba la mesa del debate. Cualquier intento de saltar el tronco para recorrer brevemente una rama por parte del dirigente invitado era cortado de cuajo por MZ, aunque el desvío lo hay propuesto el mismo ET. “No, no. Si me metés el tema del consumo, yo tengo que explicarte mi análisis del por qué y cómo está sustentado este consumo”, se defendía uno de los conspiradores de fin de año. Matices periodísticos".


Con todo esto de Avellaneda-Constitución, el PO y Duhalde, la crispación – mi crispación – traducida en el bla bla propio también me llevó al consumo (y de paso uso esa palabra que no es mala palabra) de la TV política. Por cierto, poca y nada de TV política en el aire de los “abiertos”. En “Palabras más palabras menos”, por TN, Jorge Altamira y Jorge Hospital se defendían de las acusaciones del gobierno, invertían las cargas de las pruebas y provocaban nada en Zloto y me pareció que algo, sí, en Ernesto.
Hoy recibí mail de un amigo. “Una nota que me puso muy contento”, decía el asunto. Abrí y me encontré con el texto que pueden leer a continuación. Entonces pude cerrar aquello de “notoriamente más a gusto con el entrevistado” (una cuestión que me había pasado en diálogos anteriores entre ambos protagonistas). Comprendí qué le pasó.
Se me ocurrió publicarlo, claro, porque va en el sentido de lo que poco a poco voy poniendo en el estante de “remañido”, esto es, una caracterización personalísima y antojadiza de “hacerle el juego a la izquierda” contra la manipulación oficialista y antojadiza de “hacerle el juego a la derecha”. En esa cocina no faltan los prejuicios, los preconceptos, teorías conspirativas, una pizca de falsas pruebas y un pote de pruebas inexistentes. Agarren bien el pasamanos porque seguiré apretando el acelerador sobre esta ruta.

oooOOOooo

Troskos

Debido a una razón absolutamente fortuita y nada política, tengo cierta debilidad por Jorge Altamira. En marzo de 1989, yo acababa de lograr un ansiado pase a la sección política de Página 12. Me encomendaron que cubriera lo que ocurría en los partidos de izquierda. No parecía, a primera vista, una gran responsabilidad: envidiaba a los compañeros que escribían sobre radicalismo –el partido que se caía del poder– o sobre los militares –que producían una rebelión cada tres meses–, y más a los que contaban el peronismo, que se venía con todo. La izquierda era, apenas, un recuadrito de todo eso, un primer escalón. Sin embargo, tenía lo suyo. Porque el Partido Comunista se hacía añicos tras la caída del muro de Berlín, y muchos disidentes por primera vez contaban cosas que ocurrían adentro. El Movimiento al Socialismo, por su parte, lograba que Luis Zamora llegara a la Cámara de Diputados desde donde enfrentaría a George Bush a gritos y hacía congresos multitudinarios. Y el Partido Obrero lograba un insólito protagonismo porque el gobierno radical, sin una sola prueba –casi como ahora– lo acusaba de conspirar contra la democracia en medio de los saqueos que agitaban al país, como consecuencia de la hiperinflación, y un juez que se llamaba Larrambebere decidía detener al propio Altamira por sedicioso, y la policía cumplía la orden nada menos que en la Casa Rosada, a la vista de toda la prensa. El que daba conferencias para denunciar al PO como golpista no se llamaba Nilda Garré ni Aníbal Fernández ni era peronista: era el ministro radical Juan Carlos Pugliese.
Por ese entonces, Altamira era candidato a presidente. Sus discursos en los espacios gratuitos de televisión me daban mucha risa y eran muy comentados. “Que Richard Handley y el FMI se vayan a laburar”, gritaba Altamira a cámara. Handley era un rugbier que conducía el Citibank: un hombre clave de aquellos tiempos, poderosísimo, multimillonario, que sería artífice de algunas de las peores medidas de la década que siguió y armaría un pool de medios oficialistas –tal como ahora lo hacen otras personas–. Altamira lo provocaba con su histrionismo, aprovechaba esos minutos de aire gratuito para darse una panzada. Por entonces, me tocó entrevistarlo en la página destinada a los candidatos a presidente (era una democracia más abierta que la que se propone ahora porque los partidos chicos podían presentarse). Vagamente recuerdo que yo lo trataba con cierto cinismo y autosuficiencia y él se enojaba mucho. Pero lo más importante para mí es que el día que salió publicada, sonó un interno en la redacción, pidieron hablar conmigo y era el director del diario, Jorge Lanata –con quien hasta allí me había llevado pésimo– para felicitarme por la nota. Yo era un principiante, venía de un año y medio de remarla en condiciones adversas y esa nota, creo, fue un paso importante para mi carrera.
Unos años antes había conocido a otro militante del Partido Obrero que, al menos en la ciudad de La Plata, hacía ruido. Se llamaba Michelle Saubal. Era el único delegado del PO en el primer congreso de la Federación Universitaria de La Plata posterior al regreso de la democracia. Habría unos ciento veinte delegados: la mayoría radicales, muchos intransigentes y comunistas, algunos peronistas, un puñado de independientes. Y él solo los volvía locos a todos. No tenía ninguna posibilidad de ganar una sola votación. Pero los enloquecía. Recuerdo al jefe del bloque radical gritarle varias veces “golpista”, porque criticaba a Raúl Alfonsín. Más o menos como los tratan ahora. Saubal era mayor que el resto y mucho más formado. Años después me lo crucé en la Facultad de Psicología de la UBA. Seguía militando en el Partido Obrero. Preparamos una materia juntos. Saubal era lacaniano, ¡leía a Lacan en francés! Hablaba varios idiomas. Creo que había sido ingeniero. El otro día, en el set de Palabras más, palabras menos, le pregunté a Altamira si tenía noticias de él. “Sí, claro. Sigue siendo un militante. Acaba de escribir un artículo interesantísimo sobre los lacanianos de izquierda. Fue el hombre que preparó todo el sistema informático del partido. Hemos tenido nuestras discusiones porque, por momentos, es un hombre muy radicalizado”. Yo lo miraba con extrañeza: ¿cuánto más radicalizado que Altamira se puede ser? Está claro que se refería a un mundo con códigos que, desde afuera, son difíciles de entender. Ni mejor ni peor que tantos otros pequeños o grandes mundos que sólo se entienden, y a veces ni eso, si se pertenece a ellos.
El martes pasado tuve ocasión de conocer, durante unos minutos, a otro militante del Partido Obrero. Se llama Jorge Ospital y fue uno de los detenidos por el corte de las vías del Roca. Hace 26 años que Ospital es trotskista. Fue trabajador gráfico y en la última década labura como ferroviario. Apareció con una remera negra estampada con la imagen de Mariano Ferreyra. “Yo me hice trotskista porque encontré un programa para cambiar el país”, dijo. Yo lo miraba y me lo imaginaba armando comisiones internas y dando peleas contra los muchachos de José Pedraza. Debe ser una vida, cómo decirlo, difícil, arriesgada, temeraria. Sin apoyo de ningún gobierno, con el odio de la pesada, la vigilancia de empresas muy vinculadas a la mafia política y sindical. Quienes conocen el mundo gremial cuentan que hay muchos como él. Y son odiados por los caudillos del sindicalismo peronista. Enfrentarse a esos hombres no es sencillo. A Mariano Ferreyra le costó la vida, por ejemplo. Imaginaba a Ospital o a otros como él enseñándole a leer y escribir a Elsa Rodríguez, la mujer que aún lucha por salir del coma luego de la represión de la patota de Pedraza en Barracas.
Para un periodista socialdemócrata –o algo así– como el que escribe estas líneas, los troskos son tipos raros, sectarios, dogmáticos, intransigentes, con los que cuesta mucho convivir. Personajes casi borgianos, de otros tiempos, incapaces de entender que la realidad no cabe en ninguna teoría cerrada o que el capitalismo no va a explotar por sus contradicciones y, si lo hace, no va a ser precisamente una buena noticia. Pero, a estas alturas, quién sabe quién tiene razón, ¿no? Corre tanta agua bajo el puente que tampoco se puede juzgar a los demás como si uno fuera no sé qué cosa. Sobre todo si se trata de gente que entrega su vida a la lucha por ideas y no transa. En su defensa hay que decir que nunca fueron lopezrreguistas, ni mataron gente, ni opinaron que Videla era un general democrático, ni se confundieron con Menem o Rodríguez Saá, ni con la Alianza, ni con nadie. Y fueron perseguidos como los que más. O sea que, en un país de gente equivocada, no han cometido equivocaciones demasiado graves. Y si son un poco locos, en fin, hemos tenido cada uno al frente del país –Cavallo, por citar a uno de ellos, ¿se acuerdan?– que mejor no comparar.
Por eso resulta extraño que el canciller multimillonario del gobierno nacional y popular defienda a sindicalistas multimillonarios y levante el dedito en contra del PO, y haya jueces que libren órdenes de detención, y ministros ultraduhaldistas de toda la vida que los acusen de duhaldistas (!).
Extraño que cuando hay usuarios que queman trenes, para el Gobierno los culpables sean ellos, y cuando los maestros paran en Santa Cruz también y cuando saquean un negocio en Constitución, otra vez apelen al mismo recurso.
Que los acusen de incendiarios, sediciosos, saqueadores y hasta de promover atentados contra la casa de la familia Kirchner en Río Gallegos.
Y que nunca haya pruebas.
Parece un mecanismo clásico de gobiernos de derecha.
Pero quizá no sea este el caso.
A veces ocurre, apenas, que los vidrios polarizados de los autos último modelo nublan la vista de algunos funcionarios. Y así como en otros tiempos eligieron a Hermenegildo Sábat como enemigo, con la misma lógica ahora señalan a los tobas formoseños o a los militantes gremiales del Partido Obrero.
A veces, las personas hacemos cosas muy extrañas.

Fuente: http://www.elargentino.com/nota-120498-Troskos.html

martes, 28 de diciembre de 2010

Esbirros intelectuales

Ayer me quedó flotando la idea de "hacerle el juego a la izquierda" en lugar del pregonado y mal intencionado "hacerle el juego a la derecha", en tanto la izquierda trotskista, marxista, leninista, marciana, reclama y actúa contra estructuras apuntaladas y avaladas por los abanderados de ése último concepto. Se trata de una metodología que "corre por izquierda" a las bases que presionan y condicionan la validez de tales formatos laborales, intentando disipar la dialéctica "combativa". En este caso en relación al caso Mariano Ferreyra, Avellaneda y Constitución que nos ocupó en el último post. El corte de vías, o de lo que sea en una lucha dentro del ámbito de trabajo, es la etapa final de una sordera patronal (empresa + autoridad gubernamental) extendida en el tiempo. La pelea que llevan adelante los trabajadores tercerizados de la línea Roca data por lo menos del año 2007. Todo el nudo que se armó con las privatizaciones menemistas, que continuó en manos de Sergio Taselli (vaciador profesional nacional y popular, presidente de YCF, Parmalat y Metropolitana sucesivamente todas fundidas) y se perfeccionó con la UGOFE (compuesta por los grupos empresarios EMEPA, Roggio y Cirigliano) fue desatado, tristemente, por el crimen de Mariano. Ahora el empeño del gobierno está en sostener semejante desaguisado entre amigos criminalizando la lucha de los trabajadores.


La pobreza intelectual y moral de los escribas oficiales queda de manifiesto alimentando las teorías más absurdas de conspiración. Hacen perorata berreta de una alianza metafísica entre el Partido Obrero y Eduardo Duhalde. Los operadores clase B del diario Tiempo Argentino tipean cosas como: "(...) En la causa por el corte de vías ya fueron identificados cuatro militantes del Partido Obrero" (http://tiempo.elargentino.com/notas/garre-apunto-contra-po-duhalde-y-los-gastronomicos-los-incidentes). El PO en ningún momento negó ese hecho. El corte de vías fue realizado tras una resolución asamblearia y fueron partícipes los militantes del partido que integran una de las agrupaciones político-sindicales que nuclea a los trabajadores ferroviarios. O sea, ¿cuál es la novedad? ¿Dónde está la noticia? No descubrieron nada, mas actúan cual policías del poder. La famosa "militancia periodística" de la que en su momento hablara Martín García, el jefe de TELAM.
Peor es Horacio Verbitsky, el de la doble moral, a esta hora un actor principalísimo para el operativo encubrimiento. En su edición del 26 de diciembre de 2010, Página 12 publica, y es nota de tapa, una de las investigaciones "rigurosas" a las que HV nos tiene acostumbrados. Esta vez los archivos de la SIDE parecen desactualizados porque la nota destila, llamativamente, una desgraciada cadena desinformativa (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-159354-2010-12-26.html) repleta de sorna e ironicas consideraciones propias de la misma "Doña Rosa" por la que tanto odio destila. Vaya como ejemplo el risueño remate de la bajada de nota: "(...) Tanto los obreristas como el ex senador Duhalde intentan revivir las jornadas de diciembre de 2001, pero solo logran conatos aislados y fugaces, en un país volcado al consumo y el esparcimiento". Ni el más conspicuo operador del partido republicano estadounidense hubiese descrito mejor el acervo de la clase dominante capitalista y, al mismo tiempo, borrado de un plumazo el fondo de la crisis política hacia el interior del gobierno que provocó el asesinato de Barracas. Para HV, "un país volcado al consumo y el esparcimiento" es el ícono del progreso (bah, pseudoprogresismo ilustrado) que está por encima de condiciones laborales dignas y en un todo legales y que tal vez le permitan a esos "activistas" ser parte de ese "país real" que necesita Cristina. ¿Por qué no? ¿Porque son activistas y militantes de un partido de izquierda? Ese flan, representado en "Volver a vivir", es contradictorio con el otro rol de Verbitsky: presidente del CELS, el grupo que representa legalmente a la familia de Mariano Ferreyra.


El PO puede y sabe defenderse solo (http://po.org.ar/articulo/actualidad-20101227-1608/partido-obrero-responde-las-falsedades-y-difamaciones-del-%E2%80%9Cperiodi) pero igualmente pongo en pantalla las preguntas que me hice tras leer la respuesta al periodista de P12 y que confirma al visitante apolítico mi carácter zurdo, trotskista, marxista, leninista, marciano. ¿Qué está haciendo Verbitsky? ¿Quiere que vayan presos los autores materiales e intelectuales del crimen de Mariano? ¿Acaso intenta ser un intermediario para reducir la pena de los patoteros asesinos de la UF, la Fraternidad y la UGOFE? ¿Es necesaria su participación en el caso para que las astillas no lleguen al corazón del modelo sindical protegido ahora por CFK y antes alentado por Néstor Kirchner? La doble moral de HV lo pone en defensor de la Juventud Sindical más reaccionaria que combatiera en los '70, pero también lo pone en "abogado defensor" del derecho a la justicia que tienen y quieren los Ferreyra, víctima de esos mismo sicarios.
Después de semejante nota de Verbitsky y en rigor de la actividad política desarrollada por Mariano Ferreyra, que bien claro quedó post mortem no pertenecía a "un país volcado al consumo y el esparcimiento", dejo a criterio de los eventuales lectores pensar y repensar dónde estaría hoy Mariano si la patota rentada de la UF no le hubiese embocado ese tiro en el abdómen.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Sin eufemismos


No voy a usar eufemismos. Escribo con toda la bronca. Lo lamento si al lector o la lectora le molesta, al fin de cuentas somos seres humanos con sentimientos y en este blog, donde me gusta en particular guardar cierto decoro a la hora de emitir opinión, ya he transitado una frontera donde lejos de vituperar sujetos o situaciones he vomitado caracteres y caracteres de molestia. Síntoma de impotencia, dicen. Y puede ser.
Yendo al grano.
Hace poco más de 60 días, asesinaron a Mariano Ferreyra en Barracas. Le apuntaron porque lo conocían sus asesinos. Sabían de su lucha solidaria junto a trabajadores tercerizados del ferrocarril Roca. Mariano era militante del Partido Obrero, era zurdo, trosko, marxista, marciano. Mariano era de todo; de todo lo malo para ellos. Mariano era un sujeto político y como tal actuaba. También fueron baleados, Elsa Rodríguez – aún internada en el hospital Argerich – Nelson Aguirre y Ariel Pintos.
Este gobierno, el de Cristina Fernández de Kirchner, que demoró casi diez horas en emitir una declaración mínima de solidaridad y/o preocupación por el tema, luego de los formalismos, impulsó la idea del muerto buscado, la idea de la martirización, la idea del “por algo será”. Este gobierno, que hace gárgaras de justicia social, redistribución de la riqueza y defensa de los derechos humanos.  Y qué difícil es hablar de DD.HH en estos momentos, ¿no?,  porque la propaganda oficial deja en la banquina de la autoridad moral a todos los que le endilgamos las medias tintas en esa materia. Somos todos reaccionarios, a pesar de que buena parte de la fortuna del matrimonio se amasó entre 1976 y 1983. La moralina que desperdigaron los días posteriores al crimen de Mariano tuvo que ser archivada apenas una semana después con el fallecimiento de Néstor Kirchner. La muerte del ex presidente cambió el tablero político a favor del alicaído Frente para la Victoria. Y Néstor se convirtió en mártir, en el segundo Perón, en alguien que pidió en palabras de otro, que lo recuerden. Y aún hoy continúan rindiéndole homenaje, diría como un refuerzo a la gestión de Cristina. Ensalzando a NK brilla más el haciendo de CFK.
Pero este verano argentino de 35 grados promedio vino con otros calores. No voy a hablar de los cortes de luz, de los billetes de cien pesos, de las monedas o los escases de nafta. Eso es fácil y una argucia no política chabacana. Al menos en este blog, no.
Constitución. Geografía y civismo, vamos a llamarlo. Después de la lucha territorial desatada en la zona sur de la Capital Federal entre Macri-Duhalde y el gobierno (la miseria es carne de cañón electoral y hay que disputársela aunque cuesten vidas, pero como son bolitas o perucas o paraguas, claro, a quién mierda le va a importar si total, yo, yo argentino, argento, bien nacionalista y de Perón) la política se trasladó, o mejor dicho la política continuó en la estación cabecera del ferrocarril Roca, justo ahí donde empezó este post.  
Hagamos síntesis. Después del crimen de Barracas detuvieron a siete patoteros. Uno que está escrachado por el resto como el ejecutor; otro en la misma situación pero por el principal indicado; un par por atacar a la prensa presente y amenazarlos; un delegado, cabecilla del reclutamiento de mercenarios para la Unión Ferroviaria que estuvo contactado en todo momento con los capitostes del sindicato y éstos, a su vez, con el secretario de Transportes de la Nación y la Policía Federal, quienes liberaron la zona para la acción. La familia de Marianoaccede a los servicios del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), cuyo presidente es Horacio Vertbisky, principal amanuense del poder K. El hermano de Mariano es tapa de Página 12, el diario del poder K. Luego, al Partido Obrero, donde militaba el pibe asesinado no se le permite ser querellante, a pesar de que Mariano, Elsa y Nelson pertenecen a sus filas.
Tras las imputaciones y prisiones preventivas, comenzó la transición babosa de la justicia, el Ministerio de Trabajo y la propia CFK. Se firmaron dos actas acuerdo con los tercerizados sellando el pase a planta permanente bajo convenio ferroviario de todos los tercerizados en lucha. Dos veces, el ministerio volvió sobre sus pasos hostigado visiblemente por la UF de José Pedraza. Mientras tanto tres paros que salieron del seno burocrático dejaron a los mismos pasajeros y usuarios del Roca varados. En sendas oportunidades CFK no pidió personalmente que se les abrieran causas a los delegados y trabajadores de la UF que pararon por la libertad de sus compañeros asesinos probos. 

El delegado ferroviario Pablo Díaz en compañía de sus "trabajadores".

El crimen político de Mariano desnudó además toda la red de impunidad y connivencia entre empresarios nacionales y populares y los principales líderes sindicales del gremio ferroviario. La casta burócrata se elevó hasta el cenit de las alianzas patronales, es decir, los “defensores de los derechos laborales” son los mismos que imponen las pautas laborales. Los dos lados del mostrador. Por si esto fuera poco, son los que digitan quiénes son trabajadores de primera y quiénes no. Casualmente, los más explotados son en su amplia mayoría zurdos, troskos, marxistas, marcianos, a quienes está vedada la posibilidad de ser efectivizados por su condición de “activistas y militantes”. O sea, la burocracia sólo acepta que los trabajadores seamos sí y sólo sí militantes de Perón, de esos que son arriados hasta los estadios donde discursiona CFK. 

CFK, el "Gallego" Fernández y José Pedraza, muy a gusto entre sí.

No me cabe ninguna duda que el lector y/o lectora menos avezada políticamente hablando entiendan esto como una gorilada. Presos estarán entonces de la regimentación dialéctica oficialista. Porque no nos engañemos, hacerle el juego a la derecha no es posicionarse en contra de CFK, no, el juego a la derecha no existe. Es la derecha la que le hace el juego a la izquierda cuando habla de DD.HH y ccopta a organizaciones sociales a pesar de que sale a matar comunidades aborígenes y no hay detenidos ni inculpados; cuando se carga tres o cuatro vecinos de Villa Soldati y le pone micrófono a los “vecinos indignados y llenos de xenofobia” en lugar de poner blanco sobre negro y atacar a las denunciadísimas organizaciones mafiosas de las cuales no conocemos ni una sola cara. El juego se le hace a la izquierda para cooptar a la centroizquierda con las cooperativas negreras del plan Argentina Trabaja (otro espacio para soldados de Perón) o la asignación universal por hijo, que puede resultar de ayuda pero que de ningún modo es la solución a la falta de trabajo genuino. No, no hay que engañarse, el juego se lo hacen a la izquierda porque la derecha es siempre el poder.
La derecha arma, sostiene y mata por el negocio económico y político. No hay derecha menos mala porque hable de distribución de la riqueza o haga nacionalismo con el Che Guevara, errando (con método) históricamente de cabo a rabo el significado de la lucha que dio el Che. Por más que cuelguen un cuadro del Che al lado del de Perón, las contradicciones afloran cuando de cuidar los lazos y las bancas se trata. Esas paredes son contradictorias.
En este marco, cuando las conspiraciones y autoconspiraciones  engordan el discurso de la derecha oficialista, los actores principales de la lucha ferroviaria son detenidos. Ahora sí el PO es parte de una causa, ahora sí la presidenta no desconoce al PO como sí lo hizo al pedírsele audiencia tras los hechos de Barracas. Ahora el PO tiene vasos comunicantes con Duhalde vía planes sociales. Y al PO se lo proscribe electoralmente mediante la reforma electoral y también de cualquier participación en el mercado laboral, porque, seamos sinceros, si se da lugar al pedido de la UF y La Fraternidad (que el pase a planta de personal esté avalado por ellos no como un derecho legítimo sino más bien como un derecho de admisión) se sienta un precedente peligrosísimo para el desarrollo de la actividad política que no esté en línea con las imposiciones de los soldados de Perón, situación que legitimaría la clandestinidad de trabajadores que disientan de sus cuerpos de delegados. Un clima similar, en el mercado laboral, al que se vivió durante el llamado proceso de reorganización nacional.

Miguel “El Mono” Gómez, delegado de Urbano Express Argentina SA, el jueves 23 durante los incidentes en Constitución.

¿Tanto alboroto por los que conforman el grupo de los “cero coma algo”? ¿Es ese grupete el que le hace el juego a la derecha?
El gobierno, claramente de derecha, ha jugado la mano que reservó para resolver el crimen de Mariano: encubrir a los asesinos.  Gana el conservadurismo de una alianza política mafiosa que, si no se le cae, podría asegurarle el resultado electoral del 2011.
Por orden de CFK, las detenciones de los compañeros de Mariano esquivan la investigación sobre las responsabilidades de los disturbios en Constitución, donde hay involucrados patota sindical y barrabravas a sueldo (otra vez), y donde el PO aportó evidencia fotográfica extraída de los medios nacionales que cubrieron la trifulca.
Entonces, sin eufemismo alguno: este gobierno está actuando de encubridor. Y está preservando un modelo de corrupción creado en el menemismo y profundizado por la aguda, diestra pluma política de Néstor Kirchner. Empresariado local, sindicalistas precámbricos, policía policía y juzgados íntimos de la burocracia; candidatos a jefes comunales y gobernadores del riñón neoliberal, salvaguarda conurbana en manos de los Barones duhaldistas; jueces y fuerzas de seguridad con personal partícipe de la represión dictatorial que encajonan expedientes como los de Julio López, Luciano Arruga, Carlos Fuentealba y Silvia Suppo, entre otros casos de renombre; fractura de las CGT y de la CTA; oligopolios informativos funcionales en ambos sentidos, oficial y opositor, pero siempre con la misma mano. Nadie le hace el juego a la derecha, es la derecha la que está dominando el juego porque es la derecha la que se disputa el poder y no tolera cuestionamiento alguno.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Porción continua de atemporalidad

(continuando)

Anduve apurado como todos. Viste como es ahora; tal vez no tengas mucho laburo en la oficina pero el tiempo termina siendo azúcar impalpable en la tormenta. Y salís a comer pero primero tenés que pasar por el cajero automático y el cajero automático está hasta las manos. Te quedan opciones de época: hacés la fila para retirar tu sueldo, pedís unos manguitos prestados o buscás una casa de comida donde puedas pagar con la tarjeta de débito. Bueno, te quedan apenas dos porque si desistís de las anteriores, encontrar un lugar que tenga post puede devorarte los cuarenta minutos de almuerzo, con lo cual desestimás esta última posibilidad y volvés a las primeras.
A las corridas, porque ya estaba en la calle, enfilé para el cajero nomás. Busqué en la cuadra de los bancos y en uno había sólo tres tipos, juntos. Pero ¡qué tres tipos! Se ve que eran compañeros de trabajo y uno – el que parecía más joven – le enseñaba a los otros… paciencia, me dije. Acá estamos solos.
Una platinada se paró detrás mío. En menos de un minuto ya estaba bronqueando: “¡Para qué les dan cosas que ni siquiera saben usar a esta gente! Encima con la ayuda…”. Mirá, mi abuela decía en situaciones como estas que el horno no está para bollos, que mejor no meterse, pero ese tono, esa yyye patinada a propósito, el sol, los regalos que por la tarde debería comprar, el arbolito de navidad sin armar, ¡Uf! ¡El calor! Imaginate, me di vuelta y la miré. Nada más la miré. Retorcido, con los labios apretados, con los ojos en llamas, con desprecio manifiesto. Nada más la miré.
Desde que impusieron ese sistema pienso lo mismo. Es una imposición. Una arquitectura de apropiación escondida en la supuesta seguridad que te da el andar sin guita en los bolsillos pero que silenciosamente, con cada extracción, con cada visita obligada a un Link o a un Banelco, te quita una ínfima no tan ínfima parte de tu guita y que si la sumás a los millones que estamos en la misma, comprendés el carácter multimillonario de la estafa legalizada. Bueno, lo sabés, a regañadientes vivo con todo eso y con más. Bueno, y vos me bancás a pesar de todo. Es en cosas como estas que me saco un poco.
Cuestión que la Señora Bien también me miró, así como de casualidad, acomodándose los anteojos de carey, tal si hubiera escuchado algo y buscara a quien lo dijo. Se tocó el pelo y se cruzó de brazos. Después se apoyó en la baranda de la escalera que entraba al banco y me hizo la típica seña de “qué hambre tenés”. Viste como es, creyó que no la vi pero sí la vi en el reflejo de la puerta. Sonreí pensando que, al fin de cuentas, ella también putearía un poquito cuando no pudiera sacar su sueldo completo. Y viste como es, qué haría entonces. Nada, seguro.
Entré y salí. Tenía veinte pesos. Entonces, apurado para no perder el tren del mediodía, enfilé por Corrientes y bajé por Reconquista. Compré un sanguche de pan árabe y una gaseosa lima zero. El calor te pone a dieta, vos sabés. Volviendo a la oficina, porque eso decidí tras quince minutos perdidos y quince de resto, se perdía el humo de los colectivos y crecía el murmullo.

Por la calle angosta, las sombras abotonadas de los edificios habían construido un túnel. Una luz fuerte realzaba las nubes bajas que empezaban a cubrir la Plaza, allá, en el final del túnel. El murmullo ya era canto, era el himno, era grito, eran tiros y puteadas.
Una película se había terminado en Rivadavia y otra empezaba en la Plaza. La tira continuaba por la vereda de la Catedral, por las diagonales, por la avenida hacia el congreso.
Muchos venían. Las señales de tránsito estaban dibujadas, muchos venían por el medio de las avenidas. Hombres de camisa y corbata, minas en mini, pibes recién salidos de las escuelas, motoqueros, bastones, banderas, carteles.
Me acerqué y me sumaron. Me quedé. Caminamos juntos, todos. Los canas a caballo acompañaban en estado de alerta. Otros estaban con caras de cerdos parados delante de un enrejado que recién entonces percibí. Era raro, la Plaza enrejada, la Casa cuadriculada en rosa y azul.
Un árbol sacó su lengua de fuego. Empezamos a correr. Todos juntos.

Pero, esos tipos estaban locos, mi amor. Que sé yo, tiraron con todo, de todo, hasta con granadas vencidas. Escuché herraduras en el asfalto, autos picando, motos.
Por la diagonal llegamos al obelisco. Mientras tomábamos aire también tomé un poco de la lima limón. Estaba caliente, espumosa. Y sí, la corrida, el agite. En un instante saqué radiografía del lugar, de los lugares. Viste como es cuando te abstraes. Un trago y la transpiración. La plaza de la república, varios idiomas, el susto en las caras de la ciudad soberbia, sin carteles, sin peatones. Semblante bélico.

El "vamos, vamos, vamos", rompió la burbuja. Polvo y sirenas; azules, verdes y rojas. ¡Pum! ¡Pum! Lo último en mis oídos. Después silencio.
Me di cuenta que había cerrado los ojos porque los abrí. Inmóvil, con el cielo sobre mí, extendí los brazos y di la vuelta. Viste como es, mi amor. El firmamento dejó su lugar a una antena, a un helicóptero, a un edificio, la copa de un árbol, al hormigón, al obelisco. ¿Cómo llegué hasta acá, mi amor? ¿Dónde están los putos cajeros? La platinada… Me duele la cabeza, amor. El obelisco está manchado, está tan lejos y tan cerca… Se pierde en la negrura, en las nubes espesas que traen agua. Tengo sed y perdí la botellita. Estoy tan cansado, mi amor. ¡Cómo te extraño! (Te voy a extrañar siempre). Me duele hasta el alma, mi amor. Viste como es. (Me parece que hoy no vuelvo, no me esperes). No salgas, quedate en tu casa, llegate a la mía (cuidame a los viejos). Voy a estar bien. Y si es así, viste como es, todos vamos a estar bien.


(Final)

domingo, 19 de diciembre de 2010

Un 19, hace nueve años


Cambiar. Se puede cambiar un día, la rutina, la actitud, un plan, la vida y hasta un gobierno. Cambiar es una decisión. Diciembre de 2001, para muchos, fue una bisagra. Se despertaron miles y miles de almas adormecidas entre el nihilismo y el escepticismo de los ’90. Cambiaron definitivamente los métodos y formas de lucha. Y un número parecido de conciencias.
Hace nueve años no me animaba a participar enteramente en política. Tenía esa sed de conocer, de buscar y leer política, de hablar. Hacerla no. Suena raro y feo. No es que me importaba un comino todo. A la distancia creo que la idea era participar sin participar, alejado de cualquier organización, de cualquier estructura preexistente. En la Universidad Tecnológica mandaba la Franja Morada y los odiaba. Los veía siempre afuera del aula, en la fotocopiadora, en la bedelía, hablando con los docentes pero ninguno de ellos era compañero mío de carrera. Tampoco sabía si eran compañeros de algunos compañeros de otras carreras. Simplemente los odiaba por eso de tener la verdad revelada de la educación, los métodos y planes de estudio sin ser estudiantes. Pero esa era para mí, un tipo cerrado y encerrado en libros, cálculos estructurales e hipérbolas. ¡Era un estúpido! Las cosas pasaban alrededor mío y yo apenas iba a mi laburo, después a la facultad y después a mi casa a dormir. Al otro día todo igual.
Nunca terminé ingeniería civil, nunca terminé ingeniería informática. Nunca terminé la universidad. Escribía mucho, me gustaba la radio, la música. De un balance que ni siquiera se acerca a la categoría de “fino” se puede concluir que anduve errado por los pasillos de la UTN. O no, la ingeniería me gusta pero claramente no me ha dado el lomo.
Diez años de menemismo volaron si los comparo con el fin de la primaria y toda la secundaria en los ’80. Creo que el latiguillo “vivamos más despacio mi amor” pasó a frase de cabecera entonces. Sí, todo muy rápido, todo muy “ya”, muy a crédito para “disfrutarlo” ahora mismo, aunque la semana que viene ya no sirva porque llegó algo mejor en su remplazo, y la próxima lo primero sea obsoleto al lado de lo último. La voracidad de lo superficial, lo aparente, revistió de plástico una década. La era de la boludez, Divididos. Banda y disco emblemáticos si los hay.

El plástico arde fácil. El desempleo, el hambre, azuzan el fuego.

La lucha reapareció en General Mosconi, en Cutral Có, envalentonó al unitarismo de Buenos Aires. Carlos Menem, Domingo Cavallo, Fernando De la Rua y los que aplaudieron sus gestiones hasta dejar coloradas las manos – que hoy están acá, entre nosotros, como si una lobotomía hubiese arrancado su protagonismo camaleónico y fundamental de nuestra historia reciente – fueron superados por la ferocidad de las urgencias populares. Atrás se encolumnaron las conspiraciones que alentaron el saqueo a supermercados, mientras los bancos, el Congreso y la Casa Rosada sintieron el rigor esencial del monstruo pueblo.
El 19 de diciembre de 2001, hace nueve años, a muchos, las cacerolas, el humo y las balas nos despertaron, nos cambió para siempre. 


(continuará)

martes, 14 de diciembre de 2010

Carta de un maestro de Soldati

La recibí esta mañana en mi correo electrónico; un reenvío de compañeros docentes. No está fechada pero sin dudas, cuando la leas, será atemporal. La comparto.

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Hola a todos.
...Con infinita rabia y profundo dolor quiero compartir algunas palabras sobre lo que está pasando a pocas cuadras de la escuela donde trabajo.
No puedo hacer análisis macroestructurales ni quiero despotricar contra el fascista infradotado, simplemente contar que allí están, bajo toldos deshilachados y tapados por los mosquitos y el fango, las familias de tres alumnas mías.
Melanie reaparece hoy en la escuela, después de una semana, y me cuenta que su mamá y su papá, costureros de 20 horas por día, decidieron ir por un pedazo de tierra porque ya no aguantan más pagar el alquiler de $ 800 por las dos míseras piezas del hacinamiento donde viven con sus 5 hijas en la Villa Cildáñez. Dice que el dueño les cobra además $ 10 por cada día que se atrasan en la renta. "Y encima dice que es cristiano", sentencia.
Mónica me cuenta que su madre resistió todas las tinieblas de la noche desde el viernes en la precaria carpa que se armó con sus manos de obrera. Ayer no durmió bajo la lona: se la prestó a otra madre que aguantaba el viento con su niña aferrada al pecho. Y hoy en la clase Mónica nos pregunta a todos, juro que textual: "yo no entiendo porqué la policía en vez de estar defendiendo a la gente se dedica a perseguir y matar a sus hermanos".
Aylén ya no tiene miedo. Está acostumbrada porque los domingos recibe el amanecer en La Salada, contando las monedas que le dejó el fin de semana. Siempre callada, hoy se desviste las vergüenzas para explicarnos que no hay robo y sí necesidad.
Melisa cuenta que en esos terrenos del Parque hace años que hay olor a muerto. Suele ella encontrar algunos huesos y más de una vez tuvo que escapar del horror de los cadáveres. Varios dicen que sí: todos saben que allí descartan los fiambres chorros y yutas. Ese baldío, cementerio del fin del mundo, es el "espacio público" que los hipócritas dicen defender.
Kevin nos cuenta, casi entre lágrimas, que desde su terraza de la villa 20 quiso ver, pero no pudo: lo cegó el humo de la furia y la represión.
Los demás escuchan, preguntan, comprenden porque viven igual. En medio de la intensa charla, Nicole se hace una pregunta sincera: "Yo no sé si esa es la manera de conseguir una casa". Y Ariana impecable, vocera de muchos, comparte: "Yo tampoco sé si es la manera, pero lo que es seguro es que no lo hacen porque les gusta si no porque no les queda otra. ¿Qué harían ustedes si no tienen lugar donde vivir con sus familias?". Y vuelvo a jurar que el parlamento es casi textual.
Esto es algo de lo que pasó en el aula de quinto de la escuela 15 hoy por la mañana.
Y esto es también algo de lo que no pasó: ninguno le echó la culpa a los bolivianos, ninguno se quejó porque sí paga sus impuestos, ninguno temió porque le vayan a ocupar también el Parque Avellaneda, ninguno pensó que hay "vecinos" por un lado y "usurpadores" por el otro, ninguno pidió la policía para sentirse más tranquilo.
Eso es todo. Gracias por dejarme compartirlo.

Horacio

“Morir en el intento”, palabras sobre Villa Soldati

Mario Skliar escribió en la página de Prensa de Frente la siguiente crónica-relato-opinión. Puse la volanta original a manera de título y el título de la nota como título de este post. Conmueve por la exactitud de cada palabra. En este, como en otros textos más formales, pero en este en particular, se pone luz sobre las contradicciones que el caso Soldati obsequia en términos de sistema.

oooOOOooo

Asesinados en el desalojo

Un hombre herido acostado en una ambulancia va saliendo desde lo oscuro de un territorio que solo puede llamarse “parque” si se tiene mucha imaginación. Médico, chofer y el hombre. Herido, va a vivir cuando llegue al hospital. Ahora está en suspenso. Otros detienen la ambulancia, bajan al hombre herido por la fuerza y delante del médico lo fusilan.
Tipos cómodos en el caos de la violencia. Se mueven bien. Saben lo que hacen. Llevan bidones con nafta y fósforos en las manos. Levan armas. Están “enfierrados”. Saben lo que hacen. Rocían, encienden, tiran. Tiran, rocían, encienden. Saben lo que hacen.
En la tele y bien lejos de esa tierra que parece un campo de refugiados, habla Macri. Elige las palabras con las que nombrar eso que ocurre. Dice que lo enfierrados e incendiarios son vecinos que, indignados porque la policía federal no defiende el espacio público, han hecho JUSTICIA (POR MANO PROPIA).
Bajar de la ambulancia a un herido y fusilarlo.Incendiar con nafta un toldo que protege del sol a una señora con cinco niños. Eso es hacer justicia. ¿Por qué Macri elige la palabra justicia? Simplemente porque cree que eso es justo. No dice que esa gente comete un crimen. Para él son justicieros. Después maquilla cínicamente su discurso acuñando la máxima weberiana de que el monopolio de la violencia debe ser el Estado y que los vecinos de Lugano se equivocan en su accionar. Yo no dudo que los enfierrados e incendiarios son más Estado que Sociedad Civil. Son porque el Estado genera condiciones y desea cosas que no puede concretar de uniforme…
Macri no va negociar el espacio público que es de todos los vecinos y no de un puñado de inmigrantes ilegales llenos de hijos y de necesidades insatisfechas. Macri no va permitir que bandas extorsivas de narcotraficantes le quiten ni un peso al gobierno de los vecinos. Macri no puede dar un solo nombre ni brindar un mísero detalle de esas bandas. No hay denuncias ni investigaciones abiertas. Macri no va a entregar ese cañaveral baldío que no tiene ni un tobogán, ni un farol, ni un baño, pero que es de todos los vecinos. Macri no va a permitir que las familias hacinadas que pagan 600 pesos por una pieza de tres por tres se asienten en el pastizal lleno de escombros que en los mapas curiosamente figura como Parque Indoamericano, donde hace unas semanas apareció una nena asesinada con la boca cocida en clara señal mafiosa. Porque ese lugar es público y los vecinos de la zona sur tienen derecho a ser asesinados con la boca cocida en un cañaveral público.
Rostros quichuas, aymaras, collas, guaraníes que lloran otra vez a sus muertos como hace 520 años. Muertos de explotación, de espada, de hambre, de frío, de bala. Muertos de mala política, una vez más. Que paradoja, en este Parque Indoamericano no hay lugar para los indoamericanos.


El martes 7 de diciembre, la toma estaba extendida y se podía recorrer a pie. Yo lo hice. Estaban todas las condiciones para una salida social, política o como carajo se la quiera llamar. Pero había ausencia de Estado, salvo por cierta presencia policial Federal y Metropolitana. A la noche esa garra del Estado se hinchó y descargó furia contra la gente. Los blanquinegros del Pro y los azules K. Juntos por una causa justa.
Es extraño que al otro día y con dos muertos, Aníbal Fernandez afirme que el gobierno nacional no va a poner a la policía en un conflicto social ¿Y qué había hecho el día anterior? ¿El martes el conflicto no era social? Me sentí subestimado por esos sujetos que en general construyen justificaciones mas esmeradas. No es un ejercicio de memoria demasiado prodigioso recordar qué se hizo ayer.
Macri declaraba racismo y se encargaba de dejar bien claro que el parque era zona liberada. No se puede entrar, es tierra de nadie, repetía. Ningún Estado tampoco pudo frenar a los “vecinos de Lugano”, a los que por primera vez les tocaba el rol de ciudadanos de bien por estar en el segundo escalón en la escala zoológica del imaginario racista, por encima de los indios inmigrantes ilegales.
Macri alquila bicicletas como en Barcelona y parece querer “europeizar” su gestión siguiendo a los neofascistas Sarcozy y Berlusconi. El racismo a la europea mide en la encuestas porteñas. Nuestros abuelos y bisabuelos eran inmigrantes, eso está dicho. Pero vinieron de Europa. No tenemos nada que ver con Latinoamérica nosotros. Somos la Europa de Sur América.
Seguro muchos pensaran que critico pero no tengo propuestas. Hago una, y va en serio. No es un sarcasmo. Propuesta para quienes se sientan invadidos por los latinoamericanos, para todos aquellos que quieran defender el derecho de los niños a morir en un baldío con la boca cocida, para la gente que se cree merecedora de espacios públicos con tantas prestaciones como el parque indoamericano; una idea sencilla para los ciudadanos de bien que crean que hay que garantizar que los inmigrantes latinoamericanos sigan siendo los albañiles de las casas de los ricos y medios ricos, sus mucamas en negro, sus costurearas ilegales de ropa de marca y sus prostitutas mulatas, y todo esto sin pretender jamás tener vivienda, tierra, atención hospitalaria, educación: que esos verdaderos ciudadanos (me chupa un huevo si son de clase baja. media o alta) se organicen de una buena vez y encaren juntos los trámites de documentación, pidan descuentos en los aviones y se vayan a Europa… así dejan de sentirse mal en esta Latinoamérica que les es tan ajena.
Me duele tener que escribir siempre sobre la muerte.

Mario Skliar

Fuente: http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2010/12/14/p6199

domingo, 12 de diciembre de 2010

Adriana Calvo


El siguiente texto lo acabo de leer en el excelente blog seniales.blogspot.com, al cual vos, lector/a amig@, podés ingresar desde este mismo espacio.
 

Por su militancia en el gremio docente, Calvo fue secuestrada en febrero de 1977 por la última dictadura y mantenida ilegalmente cautiva en el centro de detención Pozo de Banfield. Pero sobrevivió a todo aquello y se convirtió en la primera testigo en el juicio a las juntas militares, en 1985, y en muchas otras causas que investigan violaciones a los derechos humanos. Su última gran lucha tuvo como eje el reclamo por la aparición de Julio López, testigo en el proceso contra el ex comisario Miguel Etchecolatz y que permanece desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006. Falleció esta tarde en un sanatorio de la ciudad de Buenos Aires.

Calvo de Laborde fue la primera sobreviviente de los centros clandestinos de detención que declaró en el Juicio a las Juntas, en 1985, tras haber sido secuestrada en febrero de 1977 por la última dictadura y mantenida ilegalmente cautiva en el centro de detención Pozo de Banfield. Militaba en el gremio docente.
Pese a las contingencias de aquellos tiempos, la mujer sobrevivió a todo aquello. En una entrevista concedida a Clarín, en octubre de 2010, Calvo explicó que su decisión de brindar testimonio en el juicio contra las juntas Militares obedeció a que "fui la primera que iba a cumplir el compromiso de exigir justicia y ser la voz de nuestros compañeros desaparecidos".
"Fui la primera voz de los desaparecidos. Era un espanto, el ambiente era opresivo, una hilera de defensores de los acusados detrás de mí, la rigidez de las caras de los jueces, la imposibilidad de hacer comentarios políticos, que se apartaran un ápice de la línea de la investigación...", detalló en la misma entrevista.
La última gran lucha de esta mujer fue el reclamo por la aparición de Julio López, testigo en el proceso contra el ex comisario Miguel Etchecolatz y que permanece desaparecido desde el 18 de septiembre de 2006.
En un reportaje en la revista Noticias dijo:
“El caso López reinstala la desaparición como un método represivo político, después de tantos años y con lo que eso implica. El método de desaparición es perverso, pero no azaroso ni improvisado. Y eso lo hace innombrable. Es tan terrible pensar que hay grupos todavía activos dispuestos a hacer algo así, que el discurso del Gobierno -que tendía a hacer creer que López se había perdido o estaba enfermo- tuvo mucha aceptación. Es el miedo a pensar la verdad.
...Todos queremos pensar que no hay grupos capaces de esto. Pero los que trabajamos en derechos humanos sabemos que existen, aunque nos sorprendió que llegaran a tanto. Aníbal Fernández (entonces ministro del Interior) mantiene sus dos hipótesis probables, desde que esté tomando el té en la casa de su tía hasta que está muerto. Fue una estrategia para ganar tiempo y patear el tema para adelante.

- ¿Fue un mensaje? 
- Sí. López ya había declarado. No quisieron evitar eso, sino dar un mensaje, no sólo a otros testigos, sino a la sociedad. Y al Gobierno también. Lo clave del juicio contra Etchecolatz es que dio por probado que en la Argentina hubo un genocidio y esa sentencia abre la puerta para juzgar hasta al último de los represores. De ahí viene el mensaje.

Kirchner y los Derechos Humanos. "La política del Gobierno hacia los organismos fue muy contundente. Kirchner asume un discurso con todas las reivindicaciones históricas. Pero la desaparición de López pone negro sobre blanco y demuestra que es sólo discurso. Kirchner dio pasos importantes para los objetivos de los organismos, pero no es suficiente. Sin embargo, a algunos referentes los convenció, hasta el extremo de Hebe, que dice que nos gobierna "un compañero". El secretario de la Presidencia, Oscar Parrilli, llegó a tocar timbre en la sede de una asociación justo un día que había reunión entre los organismos por el acto de la ESMA, con la intención de organizarlo en conjunto. Llegó sin invitación. Eso es una política agresiva. Hay organismos que acuerdan con esta política de derechos humanos y hay integrantes que están más adentro de la Casa Rosada que afuera. Y no responsabilizan al Gobierno de nada. Esa postura no resiste el análisis".

Más información sobre esta incansable militante por los DD.HH.: "Calvo de Laborde fue una de las fundadoras de Asociación Gremial Docente (AGD) de la Universidad de Buenos Aires, integrando sus Comisiones Directivas en repetidos mandatos, y también fue una de las primeras sobrevivientes en conformar la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos (AEDD)".
En otra crónica leída por ahí detallan cómo la secuestraron: "En 1977 Adriana militaba en el gremio de los docentes de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata y la mañana del 4 de febrero un grupo de diez hombres de civil irrumpió en su casa de Tolosa y la secuestró embarazada de seis meses y medio, junto a su hijo de un año. Cuando salieron de la casa, una vecina le arrebató el chico de las manos a un oficial y lo tuvo con ella hasta que su madre salió en libertad. Adriana dio a luz a su hija en el auto de sus captores, vendada y sin asistencia, testimonio que recoge el "Nunca Más", informe de la CONADEP, y fue liberada en abril de ese mismo año".
Se fue una querida luchadora. Justamente en la Plaza de Mayo se festeja el día de la democracia y los DD.HH. No lo estoy siguiendo por TV al evento. Ojalá la recuerden a pesar de su posición crítica hacia los sectores cooptados por el kirchnerismo. Sería un noble acto de justicia.

Fuentes: 
http://seniales.blogspot.com
http://noticias.terra.com.ar
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