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viernes, 29 de octubre de 2010

La muerte de Néstor Kirchner

No lloré, no estoy triste. Las melodías morbosamente lacrimógenas de los noticieros y canales de noticias no me han quebrado. La lluvia acompañando las imágenes tampoco. Mucho menos cambié mi parecer respecto a lo que pienso de Néstor Kirchner. No me parece ni mejor ni peor. Políticamente es lo que dejó, está ahí, con toda la particularidad que edifica la subjetividad y la ideología.
Eso sí, menos aún estoy contento. No guardo rencores como los gorilas. Diferencias políticas profundas, muy profundas, sí. Esto es natural.
Me produce una sensación rara la muerte de Kirchner. Me da más por el lado de una expectativa tensa. Creo que la naturaleza personalista, vertical, del peronismo, en cualquiera de sus variantes, lleva a que sea común la incertidumbre (¿será esa la palabra?) por lo que vendrá. ¿Y ahora qué? ¿Después de él quién? Parece el fin de la historia. Pero siempre surge alguien. En mi familia son casi todos peronistas: de Perón, de Evita, de Menem, de Duhalde y de Kirchner… o sea, siempre hubo un después y hasta una reinvención tras los agotamientos.
Cristina es por construcción y por inercia la nueva líder. En su estoicidad, casi no tengo dudas de que – sin ser la misma que hasta ahora – mostrará fortaleza y vigor. Casi no tengo dudas. Pero está eso otro del doble comando. Gobernó un matrimonio. Cuántos hubo que en la presidencia de NK decían que, en realidad, gobernada ella; luego, en la presidencia actual, gobernaba él. Si se invierte el efecto debilitador de aquella idea sobre uno u otro se obtiene la solidez que representaban ambos. Ahora falta uno.
Entonces cuesta ver con claridad. El cambio repentino y abismal de contexto no permite una alternativa nítida al poder dual y a la vez complejo de los Kirchner (al menos yo no lo veo, estoy improvisando un parecer, opinando). Siempre hablando de alternativa en términos peronistas, claro. Y el problema es que el peronismo parece ser la única fuerza capaz de manejar el poder, el mal menor. Así lo han construido, a través de los medios y con el peso específico de la historia, indudablemente marcada a fuego contra propios y ajenos. “Hay hijos de puta relamiéndose”, comentaba un amigo mientras realzaba el carácter reformista del kirchnerismo. Ese es el punto de partida de la incertidumbre.
En un nuevo escenario, la oposición patronal disgregada se relame (aunque más por un deseo de dimisión que por la expectativa del vuelo propio); los mercados se relamen; la cámara de comercio, la Unión Industrial se relame; Clarín y La Nación se relamen. Sin embargo, el frente burgués reconstruido por el mismísimo NK prefiere un giro en las políticas de CFK a tener que elegir un nuevo conductor. Invariablemente “la solución” para ellos sale del mismo agujero.


Terminó el funeral. Sigo mirando con extrañeza el nombre en la pantalla. “¡Qué te pasha!”, me pregunto. “Nada”, me respondo. Y sigo, y pienso mezclando: “La historia es caprichosamente recurrente a veces. La parafernalia de los medios masivos se convirtió ingenuamente o no tanto en una inmensa operación que pone a Kirchner en el mismo peldaño de Perón. Leí, escuché y miré interminables informes y debates sobre la transformación social, económica y cultural desde 2003 hasta hoy. Los más viejos nunca creyeron que alguien podría superar a Pelé. Y apareció Maradona. Por lo asimilado de la historia peronista, muy de cerca, nadie podría superar a Perón. Y apareció Kirchner. Esa discusión la dejo para una mesa de domingo. El día que murió NK (27 de octubre) fue el Día Internacional del Patrimonio Audiovisual; en la misma fecha pero de otros años fallecían, por ejemplo, el cineasta y actor italiano Ugo Tognazzi y el documentalista norteamericano Brad Will, asesinado en Oaxaca. Y un 27 de octubre nacían, entre otros, Francis Fukuyama, Roberto Benigni, Nicolás Paganini, Theodore Roosevelt y… Lula. Caprichos…”

Está por salir el cortejo. Ya suena la Marcha Fúnebre. La gente está agolpada a lo largo del trayecto. Llueve. La historia es caprichosamente recurrente.

martes, 26 de octubre de 2010

Dos eventos dos

Razón y Revolución es una organización cultural que, entre otras actividades, edita las revistas “Razón y Revolución” y “El Aromo”. En su sitio de internet explican el contenido de ambas publicaciones: la primera es “una revista socialista marxista que reproduce tanto trabajos de sus propios equipos de investigación, como una selección de los mejores textos del marxismo argentino y mundial”, mientras que la segunda es “un mensuario cultural dedicado al público no académico”.
Ahora invitan a la inauguración de su propia librería-Centro Cultural, el viernes 12 de noviembre a las 19.00 horas. La cita es en Condarco 90, Flores, en la CABA. Para más info consulten: http://www.barriletelibros.com.ar/


Ana von Rebeur, otra producción
La escritora, periodista, ilustradora y dibujante humorística invita junto a editorial Norma a la presentación de su libro “¿Por qué cuernos me engañaste? - Todo lo que hay que saber sobre la infidelidad".
Dice la gacetilla de prensa: “¿Cómo sabés si tu pareja te miente? ¿Qué hacer después de descubrirlo? ¿Como engañar sin ser descubierto? ¿Cuándo se puede perdonar y cuándo no?  Todo esto se responde con mucha gracia en un nuevo libro donde todo es lo que estás pensando y ella no es sólo una amiga:
El miércoles 3 de Noviembre a las 18.30 horas, en LIBRERIA DISTAL, Florida 249, Capital Federal. Te esperamos a una charla que combina (extrañamente) cuernos, risas y consejos para cornudos e infieles...”.

lunes, 25 de octubre de 2010

Escaleno

En los últimos días asistimos a un huracán de sobreinformación compuesto por operaciones mediáticas, verguenzas mediáticas, debates e informes digitados ad hoc según la empresa periodísitca que hayamos elegido para informarnos. Me hablaron de estas tres notas y elegí compartirlas. Las une el crimen de Mariano. Están separadas por universos.

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Mariano Ferreyra

Últimas imágenes. Mariano Ferreyra, asesinado por una patota de la Unión Ferroviaria, fue sepultado esta mañana en el cementerio de Avellaneda. Desde temprano, centenares de compañeros suyos del Partido Obrero de zona sur esperan sobre la vereda de la enorme ciudad de los muertos donde una bóveda resguardará sus restos por última vez y para siempre. Bajo el sol, muchos hombres y mujeres aguardan al cortejo fúnebre con flores en sus manos. Dos hombres mayores, de vestimenta sencilla, charlan en voz bajita, uno mueve la cabeza de un lado a otro cada pocos segundos, sin soltar la flor roja que sostiene. La “Negra” Norma Giménez –delegada del Diario Popular, dirigente zonal del PO y “mamá política” de Mariano, al que conoció desde que ingresó al partido, cuando apenas tenía 13 años– tiene los ojos inflamados de tanto llorar. “Me acabo de cruzar con unos compañeros municipales que se acercaron y que conocían a Mariano por el trabajo político que había desarrollado –cuenta–. Ayer la asamblea de la gráfica Morvillo decidió parar el turno tarde. Un gráfico propuso concurrir a la marcha y votaron que sí, juntaron guita, alquilaron el micro y fueron 50 laburantes del taller. ¿Te das cuenta de lo que provocaba Mariano? Y nos lo mataron”. Hay hombres y mujeres con el rastro del llanto y gente que no para de llorar. La Chiqui, que el día anterior acompañó el camioncito del PO en la marcha tomando el micrófono y cantando las consignas sin quebrar la voz ni una sola vez, está bañada en lágrimas. La idea de despedir por siempre a un chico de 23 años que quería vivir, que militaba porque pensaba que el mundo podía ser vivido de otra manera, provoca un dolor indecible.
Los autos del cortejo fúnebre llegan marchando lento. Dentro del cementerio los esperan los amigos y compañeros de militancia más cercanos de Mariano. Los que aguardan afuera entrarán unos minutos después. Al divisar al primer auto, el que transporta el ataúd y en el que viaja su hermano Pablo –que le pidió, este año, a Mariano que oficiara como testigo de su boda–, comienza una salva tranquila, firme, de aplausos, homenaje de respeto, despedida. Después, se extiende el silencio. Cuando se abre paso para que ingresen el resto de las personas al cementerio, sólo se escuchan pasos, sollozos de vez en cuando, mientras centenas de banderas rojas flamean en las manos de los deudos.
El dolor de la familia de Mariano, el llanto que gana a sus compañeros; los abrazos desconsolados; el cajón cubierto por una bandera del Partido Obrero; el silencio y respeto con que se depositan las flores; luego, afuera, la bronca y la emoción que hace que las gargantas tiemblen cuando cantan “La internacional”, el “arriba los pobres del mundo” con que se despide por última vez a Mariano. Por última vez.


Especulaciones. Después de la marcha del jueves, me fui a tomar algo con unas amigas, llegamos a La Ideal, que permite en su primer piso refrescarse con alguna bebida antes de que comience la milonga bajo sus techos deslumbrantes. Dos de esas amigas laburan en cierto grupo empresario, la otra fue delegada en el mismo grupo, hasta que sus dueños decidieron despedirla junto a otros ciento dieciséis de sus compañeros. De repente, el diálogo gira sobre la memoria de aquellos hechos. Y sobre el papel de la dirección de la UTPBA, sus bajezas, su agachada, su traición. “Qué cosa –pienso mientras tomo un vaso de cerveza–, como las magdalenas, el crimen de la mafia sindical de Pedraza remite al accionar de una burocracia centroizquierdista”. Me cuentan que en Télam se hizo una asamblea de 120 laburantes de prensa, que decidieron cortar la calle de la agencia y que después un grupo marchó hacia la plaza de mayo, que también recordaron la asamblea electoral fraudulenta que le garantizó a la burocracia de la UTPBA el control absoluto de la elección para mantenerse en el poder. Me cuentan que en Perfil se hizo una asamblea, que recordaron cómo la dirección de la UTPBA salió a cagar a trompadas a Tomás Eliaschev acusándolo de ser del PO y que redactaron una solicitada que será publicada el diario Perfil. Que en Página pararon una hora. En BAE otra asamblea repudia el crimen, sus trabajadores movilizan a la plaza y logran publicar otra solicitada en su diario. El Frente de Unidad emite un comunicado conjunto y convoca a marchar. La redacción donde trabajo recibió la noticia del asesinato de Mariano durante el día de cierre de su publicación. Para mí fue una jornada agobiante. La novedad me pegó muy mal. Y una inquietud no dejaba de rebotar en mi cabeza: ¿cómo reflejarían el asesinato los medios del periodismo K? ¿Se parecería a ese silencio de los kirchneristas que pueblan las redes virtuales? Esa duda no dejó de rondarme. A las diez y media de la noche, la comisión interna de la revista tomó la palabra para repudiar el crimen y convocar a la movilización.
El periodismo K reaccionó de maneras muy distintas ante el asesinato. Si bien Página tuvo su own private “La crisis causó 2 muertos” cuando su edición digital y en tres párrafos informó la “muerte” de MF en un enfrentamiento y le otorgó a Pedraza las palabras finales de la nota, deslindándose del crimen y sosteniendo que había sido una cosa del MST y del PO; al día siguiente la nota de Laura Vales puso las cosas en su lugar y salvó la dignidad del diario, junto a la columna de Horacio González que rebatía el discurso oficial con un simple razonamiento: “no basta con que la policía no reprima, este crimen es una cuestión de Estado”. La periodista y el camarógrafo de C5N no dejaron de filmar a la patota que arremetería con fuego contra los “comunistas”, aun cuando fueron amenazados, y después llevaron los videos a la fiscalía a pesar de que no se los habían pedido, en una demostración de que todavía se puede hacer periodismo. Tiempo Argentino brindó una cobertura detallada del asesinato y el editorial pide que se busquen los culpables, ya sean funcionarios públicos, sindicalistas y empresarios. Otras publicaciones fueron menos dignas. Algunas –incluso en contra de sus propios intereses en materia de venta, en medio de una caída en picada de la colocación de sus materiales– no le dieron la tapa al crimen, sino que le dieron un copete en el que vendían la nota diciendo que explicarían las razones que motivaban a una “interna sindical”. Se dice, contado por periodistas de alto escalafón, que cierto grupo mediático muy ligado al oficialismo ordenó que no se les diera la palabra a dirigentes del PO. En Radio Nacional, la dirección no sólo decidió que no se mencionara al PO, sino que explicó que, a la hora de referirse a Mariano Ferreyra, no debía usarse la palabra “militante”, sino que se debía usar “manifestante”. La decisión fue dada a conocer mediante una circular oficial. Qué se puede decir de 678, que salió mentirosamente a decir que la Unión Ferroviaria no había participado del acto de River –sí estuvieron, mandaron una delegación que portaba banderas con la inscripción “100% peronistas”, a pesar de que Pedraza no fue ya que adujo un viaje al exterior–, que dio vueltas sobre el complot de Duhalde a partir de una equivocación acerca de una nota de El cronista que se hubiera podido resolver con un poquito, un poquito solamente, de periodismo e incluso tuvo el valor de mencionar a los que le hacen el juego a la derecha, en referencia al Partido Obrero. Ante la exasperada posición de Sandra Russo, daban ganas de mirarla a los ojos y decirle: “No, Sandra, no. Este no es el gobierno de la primavera camporista. El crimen de Mariano cometido por los socios sindicales de la presidenta lo demuestra”. Twitter y muchos blogs K se posicionaron en silencios vergonzantes, cuando no en acusaciones hacia la izquierda de montar una operación política contra Cristina sobre un cadáver tibio. Otros llegaron más lejos: “Ya tienen al mártir que buscaban”. Claro que hubo excepciones, como el
texto escrito por Irene Haimovici, delegada del diario La Nación que circuló por Facebook, o el texto de una tuitera que firma con el nick @losgalgos.
Después de tomar algo en La Ideal, dos amigas y yo tomamos un taxi. En un momento, dije: “Pero los kirchneristas, ¿no piensan que los mafiosos que tiraron a matar se sintieron con la autoridad para hacerlo cuando Cristina reinvindicó a la Juventud Sindical, esa que dirige hoy Facundo Moyano y que es la continuidad de aquella que en los setenta formó los grupos de choque de la AAA?”. La delegada despedida del grupo me dijo: “No puedo dejar de pensar en la imagen de la reunión en que se dijeron: ‘Sí, salgamos con todo’”. Me transmitió esa obsesión. ¿Cómo fue el momento en el que se dijeron: “Ya basta, vamos con los fierros. Vamos hasta el final”? ¿Qué percibieron de la realidad política como un aval para tomar esa decisión? ¿No tuvo nada que ver la cercanía de los K hacia ellos? El gobierno y su fracción política decidieron pactar con la burocracia sindical integrada al estado y reconvertida en socia de los empresarios a los que, supuestamente, debía combatir. No sólo Pedraza, Lescano, Viviani –quien pagó 150$ a quien asistiera a River, información a la que accedo de primera mano y en base a testimonios de personas que fueron a River para cobrar esa guita, que significa más que el jornal que cobran como empleados de seguridad-; sino también Moyano. Moyano, un empresario. Un hombre que tiene testaferros en empresas de recolección que le brindan beneficios económicos personales. Moyano, que en diálogo con Funes de Rioja le dijo: “Usted y yo podemos esperar, un trabajador no”, en una admisión flagrante de su externalidad a la clase trabajadora, en el reconocimiento de su condición de parásito de los trabajadores. ¿Es ese el hombre que entusiasma como referente sindical a los jóvenes kirchneristas? ¿Tan bajo han caído los parámetros de moralidad, de conciencia política, de todo?

Un revolucionario. Se ha dicho mucho, muchas cosas buenas y muchas barbaridades desde que se conoció la noticia del asesinato de Mariano. Alguien llegó a decirme por chat: “Pero si es la demostración de que el PO manda a los pibes al muere, no a los dirigentes”. A tal punto llega la miserabilidad.
Toda muerte es tremenda. Toda muerte joven es terrible. De todos modos, nunca defendí la idea de que todo sea lo mismo. De que todo sea igual. Mariano era un cuadro. Tenía 23 años, era responsable político de Avellaneda. En la estructura del PO, el responsable político es aquella persona con mayor importancia, relevancia y capacidad de dirección. (Una aclaración: milité varios años en el Partido Obrero y, a pesar de no ser un miembro orgánico del partido, soy del PO, adhiero a su línea política, sigo pensando que hay que instalar un gobierno de los trabajadores para los trabajadores, y no milito porque soy un diletante, un cómodo, una persona que disfruta de sus privilegios pequeñoburgueses y no los piensa abandonar, a diferencia de tantos otros militantes a los que respeto mucho, militantes como, por ejemplo, Mariano Ferreyra). A pesar de su juventud, Mariano dirigía, entonces, los varios grupos del partido en una zona en la que la reactivación industrial llevó a una mayor penetración de las ideas del PO entre la clase. Tanta era su dedicación, que decidió formarse en un oficio proletario para poder ingresar a trabajar en las mismas fábricas que son el núcleo del programa estratégico de la revolución que pregona el partido. Se convirtió en tornero, Y trabajó como metalúrgico, aunque no pudo lograr un empleo fijo porque, se sabe, la tercerización, la flexibilidad no han acabado durante esta “primavera kirchnerista”. Ni por asomo. Había iniciado su militancia en el agitado 2002. Adoraba a Pablo, su hermano mayor, que era del PO, e ingresó al partido cuando tenía 13 años. Comenzó su desarrollo dentro de la organización, a la que se comprometió con todo su espíritu. Tenía 14 años cuando participó de la toma de Sasetru, una fábrica que el Polo Obrero había decidido tomar y reactivar. Fue delegado de su colegio. Se formó en el marxismo a tal punto que más tarde dirigió cursos sobre marxismo a jóvenes como él, y más jóvenes que él. No dejó de lado sus inclinaciones culturales. Tocaba el teclado e integró varios proyectos musicales. Le gustaban Llhasa y la Pequeña Orquesta Reincidentes, música sofisticada para niños sensibles. Era fanático de la desmesura de Takashi Kitano y Sonatine era una de sus películas favoritas. Había cursado dos años del profesorado de historia, pero en la actualidad pensaba dedicarse al cine. Le gustaban Los Simpsons, Family Guy y Dr. House, seguramente, entonces, no debía descartar al cinismo como una forma de analizar la vida. Sin embargo, la pasión que lo movía era la militancia. No sólo cumplía con las tareas que implica ser responsable político de una zona de vital importancia para los intereses de la política clasista, sino que tomaba compromisos militantes que, orgánicamente, no le correspondían. Había ido a “hacer el aguante” a la toma de Puán, que concluyó victoriosa el mes pasado. Era un dirigente del CBC de Avellaneda. Y había decidido participar del trabajo en el círculo ferroviario, un núcleo obrero muy importante para el partido que lleva ese nombre. Participó del primer corte de vía en julio de este año. Y sus compañeros cuentan que fue a visitar a varios trabajadores en sus casas para convencerlos, para animarlos a que siguieran la lucha por su reincorporación y pase a planta de centenares de otros ferroviarios tercerizados. Sus compañeros de militancia le decían “El Jefe”. Hay que notar una cuestión: a cualquiera le dicen el gordo, el barba, el chueco, el flaco, el petiso, basta con cumplir esa condición. Cuando se le dice “El Jefe” a una persona, desde el cariño y el respeto, sólo significa que se ha ganado ese sobrenombre. Mariano había decidido dedicar su vida a la posibilidad del socialismo, a la posibilidad de instaurar un gobierno de los trabajadores en la Argentina. Más allá de que esa posibilidad pueda ser concretada o no, definir un rumbo de vida orientado hacia tal objetivo implica dejar de lado no sólo creencias comunes a la mayoría de la sociedad, sino tal vez abandonar oportunidades, acomodos, caminos fáciles e, incluso, objetivos personales. También señala que quien elige ese objetivo como forma de vida, entrega su vida a una aspiración mayor que las pequeñeces de la individualidad, en función de un proyecto colectivo histórico, superador. Mariano Ferreyra había decidido dedicar su vida a la revolución obrera. Fue asesinado. El olvido no se posará sobre la memoria de su vida.


En las vías del Roca, en julio de este año.

Dibujo de Mariano: "Este dibujo lo hice en una reunión. Qué cosas raras discutimos".

En la toma de Sasetru. Tenía 14 años.

Hace pocos días en el Congreso, reclamando el 82% para los jubilados.
Fuente: http://asieslavanguardia.blogspot.com/2010/10/mariano-ferreyra.html
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Mártires

Un nuevo muerto nos enluta. Es algo revulsivo y lamentable. Nada vale lo que vale una vida. Pero frente a este hecho absolutamente lamentable, y del que espero que se haga justicia, me surgen unas preguntas:
Joaquín Morales Solá parecía “desear” un muerto entre los periodistas, para poder mostrar cómo este gobierno persigue a tan egregia e inmaculada profesión.
La izquierda, como siempre, grita, protesta, y se levanta, buscando muertos por los que después “llorar” y reclamar levantando también ellos sus banderas. Obvio: “el muerto” queda allí, en el medio, mientras los impolutos reclaman justicia y exigen que se calme el dolor interminable de los muertos que ellos mismos –quizás– provocaron.
Hay un muerto (y hubo muchos otros, y seguramente habrá más). Mi pregunta es si lo que se reclama es “justicia” realmente, o si lo que se reclama es cuestionar a este gobierno (al anterior o al que venga), sin que en el fondo nos importen Fuentealba, Kosteki y Santillán, Ferreyra o Montoto, porque lo que nos interesa verdaderamente es que este (o el otro) gobierno mate, o poder achacarle a este (u otro) gobierno sus muertes, para tener razones que levantar.
En lo personal, lamento totalmente la muerte de Ferreyra y espero que se haga justicia real y los responsables terminen en la cárcel; pero por otro lado, estando el PO en el medio, lamento creer que el PO está celebrando, y que Ferreyra fue un peón del ajedrez que entregaron (como las tomas en la facultad de Sociales) mientras “juegan a la política, antes de tener su próxima tarjeta de American Express y ser gerentes de multinacionales”.
Fuente: http://tiempo.elargentino.com/notas/martires

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Cristian Favale: "Yo no fui, pero sé quién disparó; está en los videos"

Por Mariano Thieberger

"Soy Favale, Cristian ... me quieren engarronar", dice la voz en el teléfono. Y, aunque no hace falta, agrega enseguida: "Estoy desesperado".

¿Usted fue el que disparó el miércoles en Barracas? ­
No, yo no fui, pero sé quién tiró, está en los videos.

¿Pero usted estaba en el lugar cuando mataron al militante Mariano Ferreyra? ­
Sí, me pidieron que los acompañara para que los piqueteros no cortaran las vías ... Ellos me prometieron un trabajo en los ferrocarriles.

¿Pero usted es ferroviario? En Facebook dice que trabaja en un frigorífico ...
Yo no estoy con la Unión Ferroviaria, pero hice toda la solicitud de ingreso, hice todo y cuando estaba por entrar justo ocurre esto. Trabajaba en un frigorífico pero me quedé sin trabajo. Y Pablo Díaz (el delegado del Ferrocarril Roca que ayer quedó detenido por el crimen) me prometió un trabajo. Me apuntan a mí porque quieren un perejil que no esté vinculado al ferrocarril.

Si usted no disparó, ¿sabe quién lo hizo?
Sí, el que tiró es de la Unión Ferroviaria, pero no tengo ni idea cómo se llama. En el brazo derecho tiene un tatuaje de un payaso. En el video se lo ve, con gorrita y anteojos. Está al lado mío, si casi más me vuela la cabeza a mi, yo lo puteé. Guardó el fierro, un 38, en su auto, un Focus de cuatro puertas, creo que color champán. Ese es el que tira. El que lo hizo sabe que iban a poner a cualquier perejil para que él no caiga. Tengo tres testigos que vieron cuando el tipo tira.

¿Usted también estaba armado? ­
No, yo nunca fui a una manifestación con un arma. Si yo fuera un matón, ¿voy a subir a Facebook fotos con mi familia? No tiene ningún sentido ... Quieren voltear a Pablo Díaz y se la agarran conmigo porque él fue el que me ofreció trabajo.

¿Pero usted suele usar armas? ­
No uso armas. Hace un tiempo tuve una causa por tenencia de arma de guerra, pero era legal y ya tengo todos los papeles.

¿Sabe que a Pablo Díaz lo detuvieron? ­
No, no sabía nada. Pero si yo caigo preso me matan, no van a querer que hable. Si yo me tiro contra ellos voy hasta las manos, seguro. Yo quiero que pague el que tiró, pero por qué me tienen que cagar la vida a mí. El perejil soy yo, nada más.


¿Pero ahora qué va a hacer? ¿Se va a entregar? 
Yo me podría haber ido del país, tuve 48 horas para escaparme, pero no tengo por qué esconderme, no tengo por qué escapar. Lo único que hice fue ir a una manifestación. Me dijeron: `Vení que sumás unos puntos para poder entrar a laburar’. Iba a ir a trabajar a los talleres de Escalada como mecánico, yo soy técnico mecánico.

¿Pero se va a entregar o no? 
Sí, me voy a entregar ... Lunes o martes me entrego, después que el abogado pueda ver los papeles.

¿Y después? 
Si voy preso voy a aparecer ahorcado. Tengo muchas ganas de vivir y de vivir al lado de mis hijos, tengo tres hijos. Yo no voy a pagar por algo que hizo otro. Yo me voy a entregar, pero antes quiero garantías para mí y para mi familia.

¿Por qué tiene fotos en Facebook junto al ministro de Economía y al ministro de Educación? 
Porque yo estaba buscando un puesto de laburo e iba todos los miércoles a la peña ... Buscaba algo como chofer o cualquier cosa. Yo soy un busca de la vida. Pero mirá si voy a subir esas fotos si fuera un asesino... Estoy desesperado.

Fuente: http://www.clarin.com/edicion-impresa/titulo_0_359364318.html

viernes, 22 de octubre de 2010

Mariano Ferreyra: “Por la guita”


En el blog DEL SUR, PERO NO TANTO, al que podés acceder desde este mismo espacio, Juan del Sur publicó lo que pegué más abajo. Sobre confirmaciones y sorpresas podríamos decir que trata. Cada sensación tiene su ejemplo material. Para no generalizar, digo, desde un tiempo a esta parte me atraviesan espasmos similares a los de Juan. El periodismo argentino va adquiriendo gramos de berreteada conforme se presentan casos como el de Mariano Ferreyra, justamente, cuando - como dicen por ahí -  "nos es tiempo para blandos". Pasa que la blandura la llevan del tiempo-espacio refranero al tiempo-espacio de la miserabilidad.

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Es un tiempo de mentira, de infamia. A los explotados nos idiotizan para que no acertemos la mano con la herida. Hoy más que nunca necesitamos la furia, pero sobre todo la idea. (¡Gracias, Machado!)

La información sobre el asesinato de Mariano Ferreyra emitida ayer a la mañana por las radios AM arrojó comprobaciones y una sorpresa.
La sorpresa estuvo a cargo de la audición de Magdalena Ruiz Guiñazú por Radio Continental, de 6 a 9: presentó un informe amplísimo, con muy buena ubicación acerca de cuáles eran las aristas laborales, gremiales, empresariales y policiales del tema, con muchos testimonios de participantes de la marcha atacada y reportajes a dirigentes del PO. Con la activa participación de María O’Donnell, Ruiz Guiñazú —a quien he criticado como se merece— esta vez se ganó mi aprobación total.
En la misma ubicación del dial la siguió Víctor Hugo Morales, quien lo primero que puso al aire, casi sin saludar, fue la voz de su patrón, Aníbal Fernández, a quien sólo interrumpió para tirarle algunos medidos centros. El jefe de gabinete se paseó por la cornisa de un modo tal que con un soplido se hubiera caído, como cuando pontificaba —él, el responsable de los asesinatos de Kostecki y Santillán— que había que ir tras los responsables políticos de quienes dispararon contra la pacífica marcha.

El Orákulo de Cardona no tiene límites
Pero lo que siguió, por boca de VHM, ratifica por qué disputa el podio en el ránking de los repulsivos. A  las 9.15, apenas terminado el discurso de su jefe, se refirió al asesinato a mansalva como “estos enfrentamientos que se dan entre trabajadores tercerizados y los que por estar en blanco se sienten más al abrigo” y “cuidan la condición que han alcanzado”. Luego entrevistó a un capo de Télam que estaba en el congreso de agencias de Bariloche, con la misma actitud servil que a Fernández, y a las 9.29 revalidó su interpretación del crimen de Barracas al hablar de “este luctuoso episodio originado entre obreros, entre trabajadores”. Así: “entre obreros, entre trabajadores”: no pude seguir escuchándolo, créanme.
A las 10 empezó “El Patio Trasero” en la radio de Hebe. Admito que yo ya venía grogui a causa de “La Mañana” de VHM, pero lo poco que escuché me mandó enseguida a la lona por toda la cuenta. Héctor Sánchez, el conductor, comenzó tratando de inculpar a Duhalde en la emboscada de Barracas, sugiriendo con astucia “¿por qué dice que no se reunió con Pedraza, por qué se defiende si nadie lo acusó de nada?”, olvidando la maniobra de Martín García en Télam, que difundió esa noticia (falsa)  a todos los medios suscriptores de la agencia del gobierno.
Como además de a Sánchez había que soportar a la locutora, que encuentra dificultades insalvables en pronunciar las palabras más corrientes (“rempresentante”, dice, por ejemplo), puse el dial en Radio Rivadavia.
Mal hecho, eso es buscarse rabiosamente el ACV.

Fabián Gianola, un peronista puro
El simpático señor Gianola, “peronista de corazón” confeso, comparte su espacio con Jonathan (o como se escriba) Viale. Cómo será la cosa que éste, al lado de aquél, parece un individuo racional e, incluso, decente. Así, respecto de la patoteada asesina, Viale intentaba darle un encuadre político, tropezando una y otra vez con las interrupciones de Gianola quien lo contradecía diciendo que “todo es por la plata”, que unos y otros lo que quieren “es la guita”, que en este caso, como en la disputa de los trabajadores del subte con la UTA, todos “van detrás de la caja”. Viale intentaba decir, muy malamente (porque un discurso como el de Gianola pone el tema en un plano tan primitivo que comprendo que desarticule la construcción de una explicación racional), que también se jugaban en el tema diferencias ideológicas, de concepción de la práctica gremial, etcétera.
Gianola clausuró el tema así: “Vos sos muy pibe, tenés veinticinco años, creés todavía muchas cosas. Yo soy grande, soy un hombre casado, y te digo: todo es por el dinero”.
Ya saben: Mariano Ferreyra murió a causa de su desmedida ambición de dinero.

¡Cómo estamos, hoy!, ¿eh?
¡Qué gran verdad la del dicho que afirma que “el ladrón piensa que todos son de su misma condición”! Pero aparte de desnudar las miserias personales y políticas de los que están con un micrófono delante en las mañanas de la radio, hay que tomar nota de a qué están expuestos los oyentes, qué puede esperarse de sus actitudes políticas si esta es la “información” que reciben. Conclusión: la batalla de las ideas tiene una importancia esencial, y si la descuidamos pensando sólo en el combate en el terreno material, en el de la organización y la acumulación de fuerzas, también perderemos en éste. Como nos advertía Malcolm X: “Si no andan prevenidos, los medios de comunicación los llevarán a odiar a los oprimidos y a amar a los opresores”.

Juan del Sur

jueves, 21 de octubre de 2010

El crimen de Mariano Ferreyra

Murió un joven.
No, no, no.
Lo mataron. Lo asesinaron.
Objetividad es la cuestión. Lo asesinaron. Se vuelve imprescindible, indispensable, atender algunas cuestiones que tiñen varios metros de fondo de un tema que pareciera se quiere enterrar en la horrorosa mezquindad de una contienda de fracciones políticas.
Estamos acostumbrados a ver, escuchar y leer ante símiles hechos el reduccionismo conceptual de “pelea interna” o “pelea gremial”. Falso. Parece ser que la ortodoxia periodística ordena a los presentadores de noticias (o simples lectores de las mismas, dotados de notebooks a través de las cuales practican una especie de tercerización en vivo de la información) espetar frases hechas que apuntan a la planicie receptora del doñarrosismo. La misma ortodoxia pereciera también privarlos del análisis periodístico de rigor, desde uno mismo, con los elementos que se cuentan y que se poseen innatos. Ahora, si no es eso es que son decididamente llanos, no tienen pedigree. Plin, caja y listo. No debiera asombrar a esta altura: con mercenarios se han construido escuelas y empresas periodísticas.
El crimen de Mariano Ferreyra no es resultado de una pelea de facciones, una interna gremial o un cruce entre “trabajadores” y “piqueteros”, tal algunos titulares surgidos de la premura (desinformativa) por informar. En el patio del fondo está la defensa siniestra de las tercerizaciones, el enriquecimiento de empresarios cobijados en la mirada invariable e invisible de los gobiernos desde el ’90 para acá junto al escudo armado que siempre han significado las cúpulas sindicales de dirigentes enquistados y millonarios, amigos de cuanto gobierno pinte el color que sea – democrático o no –, desde siempre.
El mismo fondo guarda las relaciones preexistentes entre la dirigencia “obrera” y el peronismo, su ligazón con el discurso democrático y la práctica represiva. En la historia del movimiento obrero a partir de la irrupción del justicialismo en la escena política nacional, es adyacente la idea de que no hay trabajador que no pueda ser peronista o vandorista o camporista o ubaldinista o menemista o barrionuevista o moyanista o duhaldista o kirchnerista. No existe en el acervo nacional y popular la intención de que esto ocurra. Y actúan en consecuencia. La democracia obrera, así, es apenas un cliché discursivo. Está documentado por Sebastián Marotta, Rubens Iscaro, Osvaldo Bayer y Rodolfo Walsh, entre otros.
La ideología se convirtió en mala palabra y, a la vez, en una pose, dependiendo la mano a la que se sujeta una lucha. El problema es que una lucha encierra algo de ideológico porque lo ideológico viene de las ideas; la ideología es un conjunto de ideas respecto a. Y “a” puede ser política, religión, economía, sociología o merchandising. Un sistema remite a ideología.
Vivimos en y a través de un sistema. Para no caer en un bla bla que decanta en otro y en otro bla bla, sintetizo que en mi ideología, en mi idiosincrasia este sistema tiende a moverse en una espiral perversa.
Las balas que se llevaron a Mariano, el pibe, el hijo, el militante, el trabajador, el estudiante, fueron disparadas desde la perversión de los camouflages que regala un sistema como éste, que puede ser perfectible, pero que no es ni por asomo lo que promete desde su título: democracia.
Para la democracia, para ésta democracia, “peroncho”, trosko”, “zurdo”, son peyorativos; la “lucha” es “quilombo” y el que reclama algo es un “bardero”. En este cambalache de la rotulación, Mariano es un “piquetero de mierda”. Y para mucha gente, “murió en su ley” o “le pasó por no estar estudiando”. Moral de árbol de moras.

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Como lector de diarios en formato electrónico soy de los que se dan una vuelta por los comentarios que las notas añaden al final. Esa sección es la prueba fiel de lo que me gusta definir como “camaleonismo”, gente – pagada o no, no sé o tal vez – que dice cosas y más cosas. Son decidores apenas.
Una paradoja global de las actuales democracias es que en nombre de ella se pide matar a tal o cual, se justifica el crimen de los que no piensan como nosotros, se demoniza al pobre, al desocupado, se ningunea al indigente, se ensalza al cretino, se premia a miserables y nos masturbamos en nuestra propia moralina. Porque “somos libres de pensar lo que queramos” aunque semejante precepto incluya la eliminación de los demás.
Basta con repasar los titulares de cualquier medio para comprender que atañe a los estratos más altos del liderazgo mundial, pero también alcanza con detenerse a escuchar a nuestro alrededor para descubrir que aquella espiral perversa se construye, además, domésticamente.

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Acertadamente, la presidenta y su esposo entregaron declaraciones a propósito del crimen de Mariano Ferreyra. Claramente lo hicieron por dos cosas: por una identificación con la militancia en el sentido amplio (pertenencia, elipsis hacia la JP Evita, La Cámpora, etc.) y porque fueron necesarias sus voces para la operación de despegue de la patota gremial, parte de ella nucleada en la juventud sindical, que encontró el desvío perfecto hacia las huestes del conspirador profesional Eduardo Duhalde.
Pronto también entró en acción la maquinaria oportunista de la oposición para llamar al kirchnerismo a “hacerse cargo” de otro caso Kosteki-Santillán, y a derrumbar la operación periodística que armaron los monjes del oligopolio mediático oficial: Diego Gvirtz (678 y Duro de Domar) y Sergio Szpolsky (El Argentino, Veintitrés, Tiempo Argentino, Buenos Aires Económico, Contraeditorial, Miradas al Sur, CN23…).
En la vorágine del “yo no fui” no importó qué micrófono tenía adelante NK, no hubo objeción alguna a la cobertura de los medios por parte de CFK, como tampoco reparo alguno para que Hugo Moyano visitara a dos de los más encendidos defensores del enemigo K número uno, Héctor Magnetto, en su propia casa: Marcelo Bonelli y Gustavo Silvestre. Despegarse es la cuestión.
A ningún gobierno le gusta cargar un cadáver, pero si los sucesivos gobiernos son una sucesión de los mismos personajes de esos sucesivos gobiernos, siempre van a cargar uno, o dos, o los que sean. Nomás repasar la composición del gobierno actual y las dos cámaras del congreso; y en tu provincia la gobernación y sus ministerios y su congreso; y en tu municipio el gabinete y el consejo deliberante, los punteros, para quiénes juegan y para quiénes jugaron. Es la espiral perversa. Somos la espiral perversa.

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Los esfuerzos, estarán de ahora en más, puestos en desenmascarar quiénes cometieron el asesinato material e intelectualmente. El oficialismo intuye que lo sabe y necesita pruebas, pero la oposición dentro y fuera del justicialismo se sale de la vaina para martirizar a Mariano a manos del kirchnerismo.
¿Por qué no dudar de todo a partir de ahora, no? Mientras la bandera cuadriculada indique la largada de los informes acusándose unos contra otros, el In memorian de Mariano Ferreyra se diluirá en la tragedia de un militante, uno más. Y es posible que su participación se adose a la correspondencia con aquellos grupos que "le hacen el juego a la derecha"... Alguna vez ese atajo dialéctico debe ser explicado por los que piensan que tener la lengua a la izquierda o en el "progresismo" kirchnerista o de cualquier otro sector que se precie como tal, no los priva de firmar con la derecha cuanto compromiso han asumido con los sectores patronales, financieros y la banca. En tanto eso no ocurra, no habrá tiempo para pensar qué había detrás de su solidaridad para con los trabajadores ferroviarios tercerizados. A pocos o a ninguno o quizás a los mismos de siempre les quede la certeza que Mariano, hijo, hermano, era un estudiante universitario, comprometido políticamente, estructurado en un partido con militantes trabajando y otros despedidos en el ferrocarril, que acompañó la defensa de puestos de trabajo de sus compañeros y de otros compañeros tan en la lucha como el PO al que pertenecía, que reclamaba mejores condiciones de contratación, que se enfrentó con matones rentados por la burocracia sindical, que esa burocracia sindical reconoce pertenencia en la Unión Ferroviaria a su vez bajo el ala rectora de la CGT Azul y Blanca (Barrionuevo-Duhalde), que la CGT era una sola hasta hace tres años, que entonces eran todos moyanistas y kirchneristas y clarinistas, que el campo los separó pero los une un ferviente desprecio por “la zurda loca”.
Se dice a los cuerpos fallecidos que descansen en paz. En el presente contexto no debe descansar la memoria.

martes, 5 de octubre de 2010

Sobre este tiempo sin postear II

Religioso es mi paso por el blog de Samurai Jack y su Espada Vengadora (www.lotuyaesta.blogspot.com). En ese espacio es donde leí la siguiente columna acerca del crimen de Matías Berardi. La comparto porque es de esas notas que contiene una idea que, en muchos casos, salen más claritas del bla bla ajeno que del propio. En síntesis, me hubiese gustado poder expresarlo casi parecido.

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ESTOS BUENOS VECINOS (*)

Pocas horas antes de ser asesinado, Matías Berardi logró escapar del lugar donde lo tenían cautivo y emprendió una alocada carrera semidesnudo por las calles pidiendo ayuda, pero los vecinos se atemorizaron y optaron por cerrarle las puertas. Esa actitud temerosa en momentos en que podrían haberle salvado la vida fue rápidamente aprovechada por los secuestradores, quienes convencieron a los vecinos haciéndoles creer que Matías era en realidad un ladrón que había intentado robar un auto en el barrio. Con el argumento de que estaban persiguiéndolo para entregarlo a la policía, lograron reducirlo e introducirlo por la fuerza en un auto y llevárselo con rumbo desconocido.
Al parecer, Matías Berardi en fuga intentó subirse a un remise y el conductor, asustado por la sorpresiva irrupción, se negó a llevarlo. De acuerdo con el relato de los propios vecinos de Benavídez, esa circunstancia se dio a unas tres horas del momento en que, según se supone, Matías fue asesinado y su cuerpo abandonado en un descampado de la localidad de Campana. “Yo vi cuando él (por Matías) saltó de la reja. Les preguntaba a los vecinos dónde estaba y les decía que estaba secuestrado”, reveló un testigo en declaraciones a la prensa. “Los dueños de la casa (en alusión a vecinos de una vivienda de Benavídez) nos dijeron que les habían robado y nosotros les creímos”, agregó.
Como historia, es una de las más tristes que oí en los últimos días. El chico secuestrado consigue huir y pide ayuda, pero nadie le cree. No es que la actitud de los vecinos me sorprenda, todo lo contrario, me resulta de lo más natural. De hecho, vivo en un edificio de departamentos en Palermo donde sus habitantes, si bien no tuvieron ocasión de poner a prueba semejante falta de credulidad, poder de deducción y sentido de la justicia (porque aun en el caso de que hubiera sido atrapado robando un auto, lo mejor hubiese sido llamar a la policía, no entregárselo a los perseguidores para que lo lincharan), suelen hacer cosas que entran en la misma tipología de aquel que pudiendo elegir entre lo correcto y lo incorrecto siempre opta por la segunda opción.


Cada vez que un legislador habla de “los vecinos”, de una decisión de “los vecinos”, de un reclamo de “los vecinos”, desconfío. “Los vecinos” suelen preferir la caza de brujas a cualquier otra caza, la limpieza étnica y el saneamiento urbano basado en el ejercicio de la mano dura, en el mejor de los casos.
Los vecinos suelen ser gente inculta y quejumbrosa, y creo que por su aumento incesante se han convertido en una carga insoportable para la sociedad, a la que, sin embargo, contribuyen puntualmente con el pago de los impuestos, porque eso les garantiza el empleo de un argumento infalible: pagan sus impuestos, y eso los habilita y los confirma como buenos vecinos, que deben ser oídos y cuyas necesidades deben ser satisfechas prestamente.
Debemos enseñarles a nuestros hijos que no deben cruzar la calle sin mirar ni aunque los persiga un perro rabioso. Y también que deben tener cuidado de los vecinos y mantenerse alejados de ellos hasta cuando los persigan sus captores.

(*) Por Guillermo Piro. Publicado el 02/10/2010 en Perfil.com

Sobre este tiempo sin postear I

El mejor comentario/reflexión/pensamiento espontáneo que escuché sobre la muerte de la hija de Cris Morena y Gustavo Yankelevich es el de una niña de 11 años, fanática de Casi Angeles y de cuanto producto esté colgado del mimso árbol genealógico. Esa niña es mi sobrina y descubrí que tiene un sentio del humor envidiable a la hora de sobrellevar malas noticias (la desaparición de Romina Yan, para ella como para muchas pibas y no tanto, lo fue). Dijo con natural pesadumbre: "¡Dios, ¿porqué no me devolvés a Romina y te llevás a Fort?!"...

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